VICTORIA CHARLOTTE


VICTORIA CHARLOTTE: HISTORIA DE UNA JOVEN VICTORIANA

(Los objetos que he elegido son los guantes y el vestido / tela violeta)

Victoria Charlotte es una joven de 18 años nacida el 6 de marzo de 1868 en Londres, Inglaterra.

En pleno auge de la revolución industrial, Victoria nace como fruto de una relación extramatrimonial entre un hombre de clase media y una prostituta. Ante el rechazo de su madre y la ausencia de su padre, la mujer envía a Victoria a un orfanato nada más nacer.

Aun pasando los años, Victoria resulta estar la mayoría del tiempo viviendo en el orfanato, aunque puntualmente es llevada a alguna casa de acogida en la que nunca es adoptada. En sus días por la oscura institución conoce a Caron Crowley, un niño dos años mayor que ella, huérfano de padre y madre al morir en un accidente, que se encuentra en la misma situación. A medida que pasa el tiempo, la relación de ambos se va haciendo más estrecha.

A los 16 años, tras haber pasado por varios trabajos temporales, se hace con un puesto de aprendiz en un taller de costura, un trabajo que promete estabilidad. Cuando la dirección del orfanato se entera de esto, deciden que "Victoria ya se vale por sí misma" y la despiden del centro, dejándola en la calle. Perdida y sin rumbo fijo, comienza a deambular por las calles. Trata de rogar algo de solidaridad a sus conocidos, y aunque todos parecen predispuestos, terminan por negarle la acogida. Desesperada acaba en la estación de tren, un sitio "seguro" por la gran afluencia de personas y trata de dormir sentada en los bancos. A punto de caer rendida escucha una voz frente a ella que la despierta de inmediato: es Caron Crowley.

Victoria le pregunta que hace allí, Caron le dice que a él también le han echado porque está de operario en una fábrica, le han dado el mismo razonamiento para despedirlo del centro. Caron y Victoria comienzan a andar alejándose de la estación. Caron le propone a Victoria un plan: entre el sueldo de ambos pueden alquilar un último piso que ha visto y así tener un "hogar". Victoria sin miramiento acepta.

Ambos comienzan a convivir en un piso de mala muerte en el que está todo echo pedazos, es bastante insalubre, pero por lo menos es un lugar donde dormir. Coordinar la vida de ambos se hace complicada, no solo por los horarios o las diferencias entre ellos, sino por las personas que se suman a vivir junto a ellos: Áyax, Ícaro y Daphne.

Ícaro, de 12 años, y Áyax , de unos 15 años, son dos hermanos que Caron se encontró un día de lluvia en la parte trasera de la fábrica, dos niños víctimas de la pobreza que habían sido abandonados a su suerte en las calles. Caron se ve en posición de ayudarlos y los acoge en el piso durante una semana. Tanto Caron como Victoria acaban por tenerles cariño y se niegan a que pasados esos siete días se vayan. Por ello, Caron y Victoria llegan al mismo trato con ellos: pueden quedarse en el piso mientras contribuyan con la mitad de su sueldo a pagar cosas de la casa. Los dos niños aceptan y se quedan con ellos.

Un año más tarde, Victoria va andando por la calle al anochecer cuando ve a una mujer salir de un callejón corriendo, una acción sospechosa. Al pasar por la callejuela comienza a escuchar unos llantos, no duda en actuar y comienza a buscar de dónde provienen los lamentos. En una pequeña caja encuentra a un bebé desnutrido, Victoria decide llevarlo a casa para cuidarlo. Es así como se une a ellos, Daphne, la más pequeña de todos, y criada principalmente por Caron y Victoria.

Con 18 años, Victoria se encuentra en una etapa de autodescubrimiento importante. Comienza a cuestionar su origen, si sus progenitores merecen perdón o no por abandonarla; su modo de vida, si es que con 18 años el criar a tres niños que no son sus hijos vale la pena y cómo se lo pagarán a medida que vayan creciendo; su manera de relacionarse con las personas, si de verdad es capaz de confiar en la gente; pero sobre todo una de las cuestiones que más le perturban es su relación con Caron.

Después de todas las cosas que han vivido juntos, no se explica cómo las relaciones pueden ser tan cambiantes: de ser meros conocidos a realmente ser compañeros de vida. Esa clase de pensamientos, sumados a las reiteradas muestras de cariño de Caron, la bloquean al punto que decide poner en riesgo todo lo que han construido por un motivo mucho más interesado y egoísta.

Victoria se entera en el trabajo que se va a celebrar una gran fiesta de sociedad en la cual van a ir las grandes élites de la ciudad. Este evento lo ve como una oportunidad perfecta para colarse, robar lo justo y necesario, venderlo, y con el dinero obtenido, irse al extranjero. Elabora su plan detalladamente, y una vez realizado, cuando se dispone a ir a vender las piezas, Daphne le pregunta a dónde se dirige. Victoria sin saber qué contestar abandona la idea y se sienta junto a ella. La conversación con Daphne le hace recordar que lo que han construido, Caron y ella, no es exactamente lo que le gustaría, pero si lo que necesita.

Los chicos vienen y se unen a ellas, como si fueran una gran familia reunida. Victoria sabe que quizá nunca vaya a vivir entre dinero y lujos, pero que tener a gente a su lado, a su familia elegida, la va a hacer mucho más feliz que cualquier tipo de riqueza material.

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